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¿Te niegas tus sueños?

¿Te niegas tus sueños?

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recibiendo con los brazos abiertos
recibiendo con los brazos abiertos
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Cuentan que cuando el rey Alfonso XIII le otorgó a Miguel de Unamuno la Gran Cruz de Alfonso X Sabio, el escritor comentó:
— Me honra Majestad recibir esta cruz que tanto merezco. El monarca le contestó:
—¡Qué curioso! En general, la mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen. A lo que el escritor replicó al Rey:
—Señor, en el caso de los otros, efectivamente no se la merecían.
Una de las cosas más difíciles para muchas personas es aprender a sentirme merecedores. La respuesta de Unamuno no es la corriente. Personalmente cuando doy las gracias por algo que he recibido, me suelen responder:
—De nada
—No se merecen
Cuando doy algo muchas veces me responden:
—No puedo aceptarlo.
Etas respuestas reflejan que nos cuesta recibir y sobre todo, disfrutar lo que recibimos. Nos cuesta dar, aceptar y recibir ayuda, cuidados y regalos de los demás.
Durante mucho tiempo se consideró valioso lo que se obtuvo a través del esfuerzo, el sacrificio y el trabajo. No se espera recibir algo, por nada, más bien levanta sospechas de que alguna intención interesada hay detrás. Estamos acostumbrados a que el premio se obtiene a partir de cumplir condiciones, de ser obediente, de actuar de determinada manera.
Esta cultura, subliminalmente, nos vendió la idea de que, por el simple hecho de ser tu misma, no mereces. Las cosas hay que ganárselas siempre.
Nos cuesta sentirnos merecedores de dinero en abundancia, de regalos valiosos, de reconocimiento, de tiempo de descanso, algunas personas de amor, respeto y trato digno, de espacios para compartir con los amigos o la pareja a menos que se haya cumplido plenamente las obligaciones, de no hacer nada, de halagos, nos cuesta aceptar la ayuda de los demás...
Es un ejercicio sano darse cosas a uno mismo o dárselas a otro, sin tener que ganárselas antes o recibirlas como premio al esfuerzo, simplemente dar y recibir por ser merecedores.
Dar y recibir son las dos caras de la misma moneda. ¿Estás contenta con lo que recibes?, si no lo estás, pregúntate ¿Qué le estás dando a la vida y cómo lo estás dando? ¿Desde que estado de conciencia lo estás dando, desde la abundancia o desde la carencia?
Nuestra consciencia de merecimiento tiene su raíz en lo que creemos que somos y no en lo que realmente somos. Lo que realmente somos no conoce límites. Al conocer y aceptar la verdad que la abundancia es nuestro derecho de nacimiento, nos sentimos merecedores de ella.
Por derecho de nacimiento tenemos a nuestra disposición toda la Prosperidad que estemos dispuestos a aceptar.
La manera más sencilla de permitir que nuestra consciencia de merecimiento se traduzca en abundancia y prosperidad, es actuar coherentemente, sincronizar nuestros pensamientos, palabras, emociones y acciones.
Tanto depender de los demás, como no necesitar a nadie, pueden ser caminos equivocados. Se trata de encontrar el equilibrio sabiendo que somos capaces y merecedores.
Aceptamos el amor, los regalos, la ayuda, que creemos merecer. Quizá no de manera consciente, pero si hacemos un trabajo interior y nos observamos, veremos que así es. El que siente que merece más, va a por más. El que se conforma con menos, es porque cree que es lo máximo a lo que puede aspirar y se resigna.
Estar cerrado a recibir tiene que ver con la vibración del miedo, miedo a nuestra grandeza, a nuestro poder de atracción y manifestación.
Permítete vivir en pleno merecimiento. El no merecimiento es un camino del ego, es un modo de violencia contra tí mism@. En cambio el auto-respeto, el auto-cariño, el auto-concepto positivo te lleva a conectarte con la vida, con la salud, con la felicidad, con la unión a algo más grande que siempre es fuente de abundancia y prosperidad.
Dónde y cómo te encuentras en la actualidad, es simplemente el resultado de las creencias que una vez elegiste sobre lo que mereces obtener de la vida. Cambiar esas creencias por otras que te permitan aceptar tu grandeza es posible.
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