Para conseguir sueños necesitas ampliar tu perspectiva.

Cómo recuperar la ilusión, conseguir sueños, paz y bienestar.

Te has dado cuenta de que algo falta en tu vida, que no eres feliz, que has luchado mucho pensando que llegarías a un lugar de plenitud y el tiempo pasa y estás en otra parte bien diferente. Estás decepcionada, lees libros, asistes a cursos de crecimiento personal, a talleres de gestión de las emociones, aún no sabes en qué te equivocaste, ni dónde fallaste, pero no estás dónde te mereces estar.

Quizás te sientes como la protagonista de la historia que sigue a continuación, y su solución te sirve a ti también...

La Luciérnaga y la luna

Había una vez una comunidad de luciérnagas que habitaba el interior de un gigantesco lampati, uno de los árboles más majestuosos y antiguos de Tailandia. Cada noche, cuando todo se volvía oscuro y apenas se escuchaba el leve murmurar de un cercano río, todas las luciérnagas salían del árbol para mostrar al mundo sus maravillosos destellos. Jugaban a hacer figuras con sus luces, bailando al son de una música inventada para crear un sinfín de centelleos luminosos más resplandeciente que cualquier espectáculo de fuegos artificiales.
Pero entre todas las luciérnagas del lampati había una a la que no le gustaba salir a volar.
- No, hoy tampoco quiero salir a volar -decía todos los días la pequeña luciérnaga-. Id vosotros que yo estoy muy bien aquí en casita.
Tanto sus padres como sus abuelos, hermanos y amigos esperaban con ilusión la llegada del anochecer para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se divertían tanto que no comprendían por qué la pequeña luciérnaga no les quería acompañar. Le insistían una y otra vez, pero no había manera de convencerla. La pequeña luciérnaga siempre se negaba.
-¡Que no quiero salir afuera! -repetía una y otra vez-.
Toda la colonia de luciérnagas estaba muy preocupada por su compañera.
-Tenemos que hacer algo -se quejaba su madre-. No puede ser que siempre se quede sola en casa sin salir con nosotros.
-Tranquila mujer -la consolaba el padre-. Ya verás como cualquier día sale a volar con nosotros.
Pero los días pasaban y pasaban y la pequeña luciérnaga seguía encerrada en su cuarto.
Una noche, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela de la pequeña se le acercó y con delicada voz le dijo a su nieta:
¿Qué te pasa mi niña? Nos tienes preocupados a todos, ¿Por qué no sales con nosotros por la noche a divertirte volando?
-Es que no me gusta volar-, respondió la pequeña luciérnaga.
- Somos luciérnagas, es lo que hacemos mejor. ¿No quieres volar mostrando tu luz e iluminando la noche? – le insistió la abuela.
-Pues... La verdad es que… Lo que me pasa es que…explicó al fin la pequeña luciérnaga.
- Es que para qué voy a salir si nunca podré brillar tanto como la luna. Tengo vergüenza. No tiene sentido que ilumine nada si la luna ya lo hace. La luna es grande, y muy brillante, y yo a su lado soy una chispita diminuta, a su lado no soy nada.
Su abuela la miraba con ojos enternecidos escuchándola atentamente, cuando su nieta hubo acabado la consoló:
-¡Ay, mi niña! hay una cosa de la luna que deberías saber y, visto lo visto, desconoces. Si salieras con nosotros verías algo que te sorprendería. Hay cosas de la luna que aún no sabes…
-¿Qué es lo que he de saber y no sé? preguntó con curiosidad la pequeña luciérnaga.
-Tienes que saber que la luna no brilla todas las noches, le contestó la abuela. - Hay días en los que es grande y majestuosa como una pelota, y brilla sin cesar en el cielo. Pero hay otros días en los que se esconde, su brillo desaparece y el mundo se queda completamente a oscuras.
-¿De veras hay noches en las que la luna no brilla? -preguntó sorprendida la pequeña luciérnaga con la boca abierta por la sorpresa.
-Así es querida nieta, le confirmó la abuela. La luna cambia con frecuencia. Hay noches en que es enorme y roja, a veces se hace pequeñita y otras en las que desaparece detrás de las nubes. En cambio tú, mi niña, "si quieres", brillarás con fuerza y siempre lo harás con luz propia.
La pequeña luciérnaga estaba asombrada ante tal descubrimiento. Nunca se había imaginado que la luna pudiese cambiar y que brillase o se escondiese según los días.
Y ésa misma noche, la pequeña luciérnaga salió del lampati con toda su familia a iluminar la noche mientras miraba la luna con una sonrisa de oreja a oreja, y, desde entonces, fue verdaderamente feliz.
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Soy Neus Monfort Antolín, socióloga y coach... Si quieres, te ayudo  a "SER FELIZ", redescubrirte, aceptarte, amarte, mostrar tu luz, tener claridad de lo que quieres, enfocarte, lograr independencia económica para gozar la vida con o sin compañía, recuperar la ilusión y la serenidad, conseguir sueños, paz y bienestar.

¿Te animas?  #lideratuvida, es hora ya de sentir #consigotodasmismetas. Y esto es así porque aprendes qué has de hacer para conseguirlas.

Geometría Sagrada. Sólido platónico

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